"La mañana" Albano

lunes, 15 de marzo de 2010

lunes, 15 de febrero de 2010

Artículo de Opinión: "Desde mi Baluarte" (2)

El paisaje urbano de Ayamonte, como el de los demás municipios de España, se está engalanando en estos días con carteleras, fotografías y eslóganes que invitan al vecindario a reflexionar sobre el modelo de ciudad que nos pretende ofrecer cada grupo político para el próximo cuatrienio.
He escrito más arriba que Ayamonte se está engalanando y no que se está viendo agredida por la cartelería porque de alguna forma los partidos políticos que concurren a esta manifestación democrática tienen que dar a conocer sus intenciones y las caras de sus respectivos líderes, en una misión que honra a cada hombre y a cada mujer que participa en las distintas candidaturas. A mí siempre me ha parecido este quehacer de ocuparse de la política una dedicación sublime, por lo que de digna de todo encomio resulta la labor de ocuparse en solucionar los problemas de toda la ciudad y la de planificar y procurar la mejor respuesta a todas las necesidades que puedan demandar los paisanos.
Para los ciudadanos, la cuestión es dilucidar de entre todos los candidatos cuál de ellos, supuestamente, va a coincidir con las aspiraciones que cada uno tiene planteadas, y cuál de ellos, presumiblemente, le podría echar más imaginación y más trabajo para dar respuestas a los nuevos retos que hoy tiene planteados Ayamonte para garantizar la calidad de vida de la que aquí se goza.
Me da la impresión de que el modelo de ciudad no cambiará mucho gobierne quien gobierne. Y no ha de cambiar porque los valores sociales, las creencias, los sentimientos y, naturalmente, las ideas, que son las que dan sentido al mundo en el que vivimos, son muy aproximadas entre todos los partidos. Hoy, quieras que no, los partidos buscan una aproximación al centro ideológico en el que se encuentra el equilibrio más razonable, y en Ayamonte todos ellos se marcarán como consigna un mayor crecimiento económico acompañado de una mayor igualdad social, que es lo más prudente.
¿Dónde va a estar, entonces, el quid de la cuestión? Pues, claro está, en la creencia y en la defensa ideológica de cada uno, pero, también, esta vez dependerá de la confianza que sepa transmitir cada candidato y del poder de convencimiento que cada uno tenga ante los demás. Les queda, por tanto, mucho trabajo por hacer, porque no los conocemos bien. Al candidato socialista lo estamos empezando a ver ahora en todos los actos sociales sean del tipo que sea, y hace bien porque para la gran mayoría es, todavía, un desconocido aunque ahora sabemos de él que procurará continuar con el trabajo que venía realizando Rafael González al frente del Consistorio. Del candidato popular tengo pocas referencias aunque pasó por la anterior Corporación; pero ahora sé que ha sido capaz de aglutinar a un grupo de buenas personas para su candidatura. Me llenó de sorpresa la presentación del candidato andalucista, pues no me imaginaba yo a José Manuel Rodríguez, más conocido por su apelativo seguido del nombre de su barriada, metido en estos berenjenales. Y otra cara anónima en unos comicios de esta naturaleza es la del candidato de la coalición, aunque por su profesión y por su participación en movimientos ciudadanos es reconocido por una buena parte de los ayamontinos. A todos ellos, a los cuatro, les deseo mucha suerte aún sabiendo que en la medida en que le corresponda a uno dicha circunstancia, la misma irá en detrimento de los demás.
ENRIQUE R. ARROYO BERRONES

Artículo de Opinión: "Desde mi Baluarte" (1)

Un nuevo balcón se abre para Ayamonte con la aparición de este periódico o, mejor, con la nueva singladura de una cabecera ya conocida pero que pretende, ahora, transformarse desde sus entrañas para ofrecer a Ayamonte una nueva etapa que todos deseamos cuente con vientos favorables, con esos vientos que soplan por este rincón suroccidental de Andalucía llenos de sal, de luz y de la templanza de las gentes que aquí vivimos.
A este balcón seguro que se asomará todo Ayamonte porque nace con la pretensión de abrirse para todos, para que todos podamos mirar desde él lo que ocurre a nuestro alrededor y para que desde la calle, quien lo pretenda, también pueda opinar y contar sus impresiones, sus vivencias e, incluso, las novedades familiares y sociales que quieran compartir con los demás.
Me han invitado a entrar en la casa para que me asome al balcón, para que desde él observe la realidad o para que desde él cuente cosas a los paisanos y visitantes que quieran pararse un momento a leer lo que desde esta atalaya, Desde mi baluarte, me parezca más oportuno comentar cada quincena. El dueño de la casa me abrió sus puertas y he recorrido todas las estancias que la componen; la casa está terminada, aunque a falta de hacer algunas pequeñas reformas y de amueblarla definitivamente, pero es una casa atractiva.
He aceptado el brindis de poder disponer cada dos semanas de esta columna desde la que procuraré dar mi opinión. Y lo haré sobre aspectos variopintos de la vida social y cultural ayamontina; procuraré entrar por derecho en los temas y, como ciudadano amante de las buenas costumbres, opinaré sobre las tradiciones que merecen ser mantenidas y fomentadas, criticaré lo que desde mi ánimo considere inadecuado, y daré mi parecer sobre asuntos de actualidad. Desde mi baluarte haré referencia a la historia de nuestra ciudad y a su riquísimo patrimonio cultural y natural, así como a temas relacionados con la educación.
El tiempo que pasa inexorable, que es tan difícil de administrar y al que tantas veces hacemos alusión cuando nos queremos disculpar por no haber terminado a tiempo una labor, será también quien marque ¿cómo no? la continuidad de las opiniones que pueda verter Desde mi baluarte, nombre que he tomado a propósito porque en Ayamonte, el baluarte fue siempre, durante siglos, el lugar estratégico desde el que se veían venir desde lejos las embarcaciones amigas y enemigas, los metales preciosos del nuevo Mundo y las borrascas atlánticas, el trigo para calmar el hambre o el lugar desde el que se montaban las velas para controlar las embarcaciones pestilentes, el lugar, en fin, desde el que se veían venir las buenas y las malas noticias para todo un vecindario que siempre estuvo, como en cualquier otro lado, a expensas de los que pudiera llegar de fuera.
ENRIQUE R. ARROYO BERRONES