El paisaje urbano de Ayamonte, como el de los demás municipios de España, se está engalanando en estos días con carteleras, fotografías y eslóganes que invitan al vecindario a reflexionar sobre el modelo de ciudad que nos pretende ofrecer cada grupo político para el próximo cuatrienio.
He escrito más arriba que Ayamonte se está engalanando y no que se está viendo agredida por la cartelería porque de alguna forma los partidos políticos que concurren a esta manifestación democrática tienen que dar a conocer sus intenciones y las caras de sus respectivos líderes, en una misión que honra a cada hombre y a cada mujer que participa en las distintas candidaturas. A mí siempre me ha parecido este quehacer de ocuparse de la política una dedicación sublime, por lo que de digna de todo encomio resulta la labor de ocuparse en solucionar los problemas de toda la ciudad y la de planificar y procurar la mejor respuesta a todas las necesidades que puedan demandar los paisanos.
Para los ciudadanos, la cuestión es dilucidar de entre todos los candidatos cuál de ellos, supuestamente, va a coincidir con las aspiraciones que cada uno tiene planteadas, y cuál de ellos, presumiblemente, le podría echar más imaginación y más trabajo para dar respuestas a los nuevos retos que hoy tiene planteados Ayamonte para garantizar la calidad de vida de la que aquí se goza.
Me da la impresión de que el modelo de ciudad no cambiará mucho gobierne quien gobierne. Y no ha de cambiar porque los valores sociales, las creencias, los sentimientos y, naturalmente, las ideas, que son las que dan sentido al mundo en el que vivimos, son muy aproximadas entre todos los partidos. Hoy, quieras que no, los partidos buscan una aproximación al centro ideológico en el que se encuentra el equilibrio más razonable, y en Ayamonte todos ellos se marcarán como consigna un mayor crecimiento económico acompañado de una mayor igualdad social, que es lo más prudente.
¿Dónde va a estar, entonces, el quid de la cuestión? Pues, claro está, en la creencia y en la defensa ideológica de cada uno, pero, también, esta vez dependerá de la confianza que sepa transmitir cada candidato y del poder de convencimiento que cada uno tenga ante los demás. Les queda, por tanto, mucho trabajo por hacer, porque no los conocemos bien. Al candidato socialista lo estamos empezando a ver ahora en todos los actos sociales sean del tipo que sea, y hace bien porque para la gran mayoría es, todavía, un desconocido aunque ahora sabemos de él que procurará continuar con el trabajo que venía realizando Rafael González al frente del Consistorio. Del candidato popular tengo pocas referencias aunque pasó por la anterior Corporación; pero ahora sé que ha sido capaz de aglutinar a un grupo de buenas personas para su candidatura. Me llenó de sorpresa la presentación del candidato andalucista, pues no me imaginaba yo a José Manuel Rodríguez, más conocido por su apelativo seguido del nombre de su barriada, metido en estos berenjenales. Y otra cara anónima en unos comicios de esta naturaleza es la del candidato de la coalición, aunque por su profesión y por su participación en movimientos ciudadanos es reconocido por una buena parte de los ayamontinos. A todos ellos, a los cuatro, les deseo mucha suerte aún sabiendo que en la medida en que le corresponda a uno dicha circunstancia, la misma irá en detrimento de los demás.
ENRIQUE R. ARROYO BERRONES
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